El dilema de las redes sociales: el documental que cambiará tu perspectiva

The Social Dilema

Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido. 

-George Orwell, 1984

[Sonido de notificación] El siglo XXI es el siglo en donde la tecnología ha crecido de manera exponencial, sobre todo en esta última década. La llegada de Google y Facebook fue lo que simplemente disparó todo. La información está al alcance de un clic. 

Sin embargo, así como podemos buscar y encontrar todo, también la desinformación ha estado más presente que nunca, a qué me refiero con esto.

Sabemos que sólo basta con  abrir la computadora o el explorador, teclear la duda y en un clic tenemos la posibilidad de entrar a miles o millones de sitios que tienen información sobre el tema que buscamos. 

Pero lo que no se nos muestra es que incluso el orden o la preferencia de las respuestas depende de nuestros intereses, las amistades que frecuentamos, como interactuamos dentro de las redes sociales y a qué tipo de publicaciones le ponemos más atención. 

Imagina que detrás de la pantalla de tu celular hay una oficina, en donde hay muchas personitas, con monitores en donde se encuentran todas las opciones de publicaciones que podríamos ver, y que van revisando nuestra actividad, nuestros horarios, en que aplicaciones gastamos más nuestro tiempo y todo eso lo registran. ¿Para qué sirven todos esos datos? 

Justamente es de lo que hablan los expertos que están en el nuevo documental de Netflix “El dilema de las redes sociales”, pero cuál es el problema, si en realidad nosotros somos los que aceptamos o rechazamos amistades en redes, seguimos o no cuentas, nosotros somos los que tenemos el control, ¿no?. Bueno resulta que es más complicado que eso. 

Las ganancias de las redes no es la cantidad de veces que pasamos interactuando en ellas, sino la presencia de publicidad que nos presentan, pero cómo saben a qué usuarios les interesa las promociones que hay en el celular más nuevo de la marca X, o que al buscar noticias se nos presentan primero las culturales en vez de las de deportes. 

Bueno todo esto se deduce gracias al algoritmo con el que trabajan estos programas, y con base en ello se va codificando en nuestros feed cierta tendencia a presentarse las publicaciones que se ajusten a nuestros intereses.

Y es lo que se vende, nuestra atención, nuestro interés, para que las compañías puedan acceder a ellos para que con base en esos datos se nos presente cierto tipo de propaganda, de noticias, de música, de información. 

Directores y ex presidentes de estas compañías están haciendo un llamado a la sociedad no para eliminar radicalmente las redes, sino para empezar a tomar conciencia de lo que hacemos con ellas, dentro y fuera, de lo que solemos darle “like” o compartir.

Incluso nos incentivan a exigir leyes que regularicen el monitoreo y la venta de nuestros datos, porque no somos consumidores, somos el producto con que las redes monetizan. 

Y no es que los creadores de todas estas plataformas las hayan inventado para crear un daño a la sociedad, simplemente se modernizó la manera en la que las personas podemos comunicarnos, antes de esto era por medio de cartas, telegramas, llamadas telefónicas a números físicos, y no es un pasado tan lejano. Algunos de estos todavía les tocó a las personas que tienen entre 20 y 30 años. 

Son herramientas que nos han hecho la vida mucho más fácil, que nos han acercado la información a una velocidad de tiempo real, ya no hace falta esperar al noticiero de las diez para saber qué pasó en nuestro país, simplemente basta con abrir Twitter.

Ya no necesitas esperar el mes para recibir una carta, ahora abres Whatsapp o Telegram e instantáneamente puedes platicar con alguien que está al otro lado del mundo. 

Las redes sociales han acortado la distancia de una manera exponencial, pero también han cambiado la manera en la que nos desarrollamos. Lamentablemente la presión que genera el ser “popular” o el ser del agrado en redes sociales a la juventud y niñez actual, y eso solo por enfocarme en un sector, porque considero que en tanto en niños como adultos,  ha ocasionado un incremento en la ansiedad, ya que tendemos a idealizar la imagen que se presenta, ese perfeccionismo social por la cantidad de “me gusta” que una publicación o una foto que subimos pueda llegar a alcanzar y eventualmente impacta en el autoestima.

El buscar pareja, ya no es como antes que íbamos a fiestas y conocíamos a alguien, o en la escuela, o en un concierto o en el café de siempre. Ahora hay plataformas que por medio del algoritmo que usan deduce el tipo de personalidad con el que podamos ser compatibles y entonces las opciones se limitan y te presentan a “tus matches” y en algo tan rápido como un swap se determina si pueden tener los mismos intereses.

Que loco, ¿no? Y esta búsqueda puede ser más específica si vinculamos estas plataformas con las demás redes que usamos.

Es algo muy complejo, resumirlo aquí consideramos que nos quedamos cortos, es un documental que ha otorgado a todo el equipo una nueva perspectiva de las redes y del internet y que sin duda es algo que todos debemos de ver y ser conscientes de ello.

No porque las redes sociales sean algo malo. Sino porque es momento de despertar y comenzar a ser más responsables en cuanto al uso que le damos a estas, en los permisos que otorgamos, en la información que compartimos. 

Es comenzar a utilizar estas plataformas como herramientas, no al revés, incluso es comenzar a administrar el tiempo que invertimos en el celular y en cada una de las redes.

En cuestionar y ser críticos en cuanto a la veracidad de la información que se nos presenta, en buscar por nuestra propia cuenta, en ir a consultar fuentes externas al internet. En exigir que se comience una regularización sobre la proporción de datos individuales y privados a compañías con fines publicitarios. 

Una vez que comencemos a darnos cuenta del funcionamiento de estas redes incluso de los buscadores, podemos sacarle provecho al algoritmo y evitar que nos arrojen opciones para nuestro consumo; al contrario podemos empezar a desarrollar un mecanismo de búsquedas que nos arrojan información relevante para nuestros trabajos, algunas investigaciones o simplemente para nuestros gustos. 

Ir limitando ese algoritmo a presentarnos lo que queremos ver, no lo que ellos piensan que necesitamos.

Esto se puede hacer por medio de las restricciones, ya sea en Instagram o en Facebook ya que, cuando nos aparece un anuncio publicitario en la esquina superior derecha, en los tres putitos de la publicación nos da la oportunidad de restringir ese tipo de anuncios y así podemos tener mayor control sobre lo que encontramos en nuestro feed. Es solo un consejo. 

Honestamente ya que estamos hablando de ser críticos, consideramos que es necesario que vayan, escuchen y vean por su cuenta lo que estos expertos en tecnología tienen que decirnos, es algo que en la actualidad sin duda tenemos que empezar a tomar conciencia y qué mejor si es por medio de algunos creadores de las plataformas que más usamos. Véanlo sin duda nos da algo en qué pensar. 

5 aprendizajes que nos dejó el documental “The Social Dilemma”

  1. Apaga las notificaciones de tu celular.
  2. Decide que quieres ver y que no quieres ver, no se lo dejes al algoritmo.
  3. El algoritmo está creado para beneficiar a la aplicación y no tanto al usuario.
  4. En las redes sociales tú eres el producto, recuerda que tu tiempo es lo más valioso que tienes y se lo estas proporcionando a las marcas.
  5. Las aprobaciones y rechazos en las redes sociales es “humo” solo tu puedes definir el valor que tienes en la sociedad.
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